¿Qué es el control coercitivo y por qué lo usan las personas “malas”?

El control coercitivo es un patrón de conducta profundamente dañino en el que una persona domina sistemáticamente a otra para despojarla de su libertad, independencia y sentido de identidad. No se trata de un solo episodio aterrador, sino de una estrategia sostenida de abuso psicológico que se desarrolla con el tiempo, a menudo sin violencia física visible. Aunque suele asociarse con las relaciones íntimas, el control coercitivo también puede ejercerse en las familias, en los lugares de trabajo y en otros sistemas sociales.

En esencia, el control coercitivo trata de poder , no de amor ni de conflicto, sino de dominación. En lugar de estallidos aislados de ira, se basa en tácticas psicológicas continuas diseñadas para aislar a la víctima, socavar su confianza y generar dependencia. Esa dependencia atrapa a las personas en relaciones o entornos que parecen imposibles de abandonar, incluso cuando, en el fondo, sienten que algo no está bien.

Cómo define la psicología el control coercitivo

El control coercitivo incluye conductas como:

  • Supervisar las comunicaciones o los movimientos

  • Restringir el acceso a amistades, familia o recursos económicos

  • Intimidación repetida o amenazas implícitas

  • Gaslighting (luz de gas): hacer que alguien dude de su memoria o de su cordura

  • Limitar gradualmente la autonomía y la capacidad de tomar decisiones

  • Divide y “vencerás”

Estas tácticas suelen comenzar de forma sutil y escalar con el tiempo, creando lo que muchas personas supervivientes describen como una “jaula invisible”: una realidad controlada que llega a sentirse como la vida normal.

El sociólogo Evan Stark, uno de los principales investigadores sobre el control coercitivo, lo definió como un sistema de conductas que crea una condición de falta de libertad u opresión. Una persona puede parecer físicamente libre, pero estar psicológicamente atrapada.

La libertad comienza en el momento en que reconoces el control por lo que es.

¿Por qué las personas “malas” usan el control coercitivo?

Quienes ejercen control coercitivo no buscan conexión; buscan dominación. La investigación psicológica vincula este comportamiento con:

  • Rasgos de personalidad narcisista o antisocial

  • Baja empatía y creencias de derecho o superioridad

  • Miedo a la vulnerabilidad combinado con una necesidad de control

  • Patrones aprendidos en entornos donde el control se asociaba con seguridad o estatus

Es importante destacar que estas conductas son intencionales. Los estudios muestran de manera consistente que quienes ejercen control coercitivo ajustan su comportamiento de manera estratégica: pueden parecer encantadores o razonables en público, mientras refuerzan el control en privado. Este patrón calculado es la razón por la que muchos psicólogos describen el control coercitivo como depredador, no impulsivo.

¿Qué muestra la investigación?

La investigación en psicología, salud pública y criminología demuestra que el control coercitivo causa daños significativos y duraderos:

  • Estudios con madres e hijos muestran mayores dificultades emocionales y conductuales asociadas al control coercitivo, incluso más que a la violencia física por sí sola.

  • Investigaciones con personas supervivientes describen una persistente “condición de antifreedom” (anti-libertad u opresión), marcada por el miedo, la imprevisibilidad y la pérdida de agencia.

  • Estudios policiales y de evaluación de riesgo identifican el control coercitivo como un fuerte predictor de violencia física futura.

Estos hallazgos dejan claro algo: el control coercitivo no es “menor” ni “solo conflicto emocional”. Sus efectos suelen persistir mucho después de que la relación o el entorno termine.

Cómo se ve el control coercitivo en la vida real

Imagina a alguien que:

  • Inicia sesión en tus cuentas “solo para ayudar”.

  • Lee tus mensajes cuando estás dormido/a o en la ducha.

  • Revisa tu historial de navegación o las sugerencias de búsqueda.

  • Revisa tus bolsos, cajones o notas personales.

  • Hace preguntas cuyas respuestas ya conoce (para ver si “te equivocas”).

  • Usa dispositivos compartidos para vigilar tu actividad.

  • Revisa tu correo electrónico o las copias de seguridad en la nube.

  • Consulta tu historial de ubicación sin decírtelo.

  • Pregunta a amigos o familiares sobre ti sin tu conocimiento.

  • Disfraza la vigilancia como preocupación.

  • Revisa tu teléfono a tus espaldas  y lo llama “protección”.

  • Te presiona para cancelar planes porque “nadie se preocupa por ti como yo”.

  • Controla las finanzas o interfiere con tu trabajo.

  • Niega hechos que recuerdas claramente.

Cada conducta puede parecer pequeña por separado. Juntas, forman un patrón que erosiona la confianza en uno mismo, la autonomía y la identidad.

Divide y “Vencerás”: una táctica narcisista clave

Otra táctica de control coercitivo utilizada con frecuencia por personas narcisistas es: divide y “vencerás”: aislamiento + manipulación = control.
Esta táctica funciona al separar intencionalmente a la persona de sus sistemas de apoyo. Al crear conflictos, sembrar dudas o posicionarse como la única voz confiable, la persona controladora debilita la influencia externa y fomenta la dependencia. Una vez dividida y aislada, la persona se vuelve más fácil de manipular y dominar, a menudo sin darse cuenta de lo que ocurre hasta que su independencia ya ha sido erosionada.

El control coercitivo más allá de las relaciones “personales”

El control coercitivo no se limita a las relaciones de “pareja”. También puede aparecer en entornos laborales y sociales:

  • Un gerente desalienta la colaboración y luego critica a un empleado por “no ser un jugador de equipo”.

  • Un supervisor retiene información y castiga los errores inevitables.

  • Un líder genera conflictos entre otras personas para mantener su “autoridad”.

La investigación en psicología organizacional muestra que estos entornos conducen al agotamiento, la duda constante y la disminución del rendimiento, no por incapacidad, sino por la presión psicológica sostenida.

Por qué es importante nombrar el control coercitivo

Uno de los efectos más dañinos del control coercitivo es la confusión. Las personas supervivientes suelen sentir que algo está mal, pero carecen del lenguaje para describirlo. La investigación sobre el trauma muestra que nombrar el comportamiento restaura la claridad, la confianza en uno mismo y la capacidad de actuar.

Comprender el control coercitivo re-encuadra la experiencia:

  • No fue debilidad, fue manipulación

  • No fue exageración, fue supervivencia

  • No fue conflicto, fue control

El control coercitivo prospera en el silencio y la ambigüedad. La educación lo interrumpe.

Nombrar el daño no es amargura: es el primer acto de confianza en uno mismo.
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